sábado, 28 de febrero de 2015

de mi depende ser buen misionero

. Misión y evangelización sin fronteras Jesús se presenta en el evangelio como enviado por el Espíritu (Lc 4,18) para proclamar la buena noticia (Mc 1,14-15) y para dar la vida en rescate por todos (Mc 10,45). Envió a sus discípulos, ya durante su vida pública, para predicar el reino de Dios (Lc 9,2). Después de la resurrección, los envió para hacer discípulos de todos los pueblos (Mt 28,19), predicar en su nombre a todas las gentes (Lc 24,47) y proclamar el evangelio (buena noticia) a toda criatura (Mc 16,15). La misión de Jesús es envío, que procede del Padre y se realiza bajo la acción del Espíritu Santo. Esta misma misión es la que Jesús comunica a sus apóstoles (enviados): «Como el Padre me envió, también os envío yo» (Jn 20,21). El objetivo de este envío es la acción de evangelizar, es decir, de anunciar la buena noticia. Tanto la misión y evangelización de Jesús como la de los apóstoles, y de toda la Iglesia, tiene una dimensión universalista: por todos (Mc 10,45), a toda criatura (Mc 16,15). Es, pues, misión ad gentes, a todos los pueblos (Mt 28,19). La misión que Jesús ha comunicado a la Iglesia (como encargo o mandato) tiene su fuente en la Trinidad, empieza a ser realidad desde la encarnación y se desarrolla como redención o rescate-liberación de la humanidad entera. Tiene, pues, dimensión trinitaria (cristológica, pneumatológica), eclesiológica y antropológica. Jesús es el Salvador del mundo (Jn 4,42; 1Jn 4,14). «La Iglesia peregrinante es, por su naturaleza, misionera, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre» (AG 2). La misión no es algo añadido a la comunidad eclesial, ni tampoco una de tantas acciones que debe realizar, sino toda su razón de ser, su misma naturaleza (AG 2). «La Iglesia existe para evangelizar» (EN 14). «Evangelizar significa para la Iglesia llevar la buena noticia a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad» (EN 18). El Catecismo de la Iglesia católica (1992) resume esta doctrina misionera y la presenta en el contexto de la fe en la Iglesia: creo en la santa Iglesia católica (748ss). La misión universal deriva de la fuente trinitaria, por Cristo y en el Espíritu, y se prolonga en la misma Iglesia, que es misterio y sacramento universal de salvación (772-780). Esta universalidad de la misión eclesial se expresa en su catolicidad (830-856) y apostolicidad (857-870). II. Naturaleza de la misión «ad gentes» La expresión ad gentes (a todos los pueblos) indica, pues, una característica esencial de la misión que Jesús realizó y que quiso prolongar en la historia a través de su Iglesia. Es universalista por proceder de Dios Amor, Padre de todos (Ef 4,6), y por llevarse a la práctica por medio de Jesús, salvador de todos (1Tim 4,10), quien, a su vez, ha instituido a la Iglesia como signo levantado en medio de las naciones (Is 11,12; SC 2). Ordinariamente la misión ad gentes se presenta en relación con la acción evangelizadora de Pablo, quien se llama a sí mismo apóstol de las gentes (Rom 11,13). De este modo se señala una característica del mismo apóstol: anunciar el evangelio allí donde todavía no ha sido anunciado. Es, pues, el primer anuncio. Ya desde su conversión, Pablo está destinado a la misión ad gentes. El mismo Jesús lo explicó a Ananías antes de que fuera a bautizar a Pablo: «Este es un instrumento que he elegido yo para llevar mi nombre a los paganos, a los reyes, a los israelitas» (He 9,15). Por esto, Pablo habla continuamente de la misión peculiar que le ha sido confiada, como «privilegio que Dios me ha concedido de ser ministro de Cristo Jesús entre los paganos» (Rom 15,15-16). Su preferencia, e incluso dedicación plena, es la de «no anunciar el evangelio allí donde ya habían oído hablar de Cristo» (Rom 15,20). A través de toda la historia de la Iglesia se ha procurado siempre distinguir, evitando dicotomías, entre la acción apostólica ordinaria en la comunidad ya evangelizada, y la acción apostólica especial en comunidades o países no suficientemente evangelizados.

2 comentarios:

  1. Hola Marinela me encanta tu página, donde nos aportas bases para ser un buen misionero y pienso que los futuros misioneros para prepararse,
    Necesitan comprender la doctrina y saber cómo compartirla. No se puede sacar agua de un balde vacío. Cuando los misioneros conocen el Evangelio y saben cómo enseñarlo, ya no quieren hacer nada más; saben que pueden enseñar a cualquier persona, en cualquier parte, en cualquier momento y en cualquier circunstancia empleando sus propias palabras respaldadas por el poder del Espíritu. Tienen confianza en sí mismos y una fortaleza interior. En este tipo de preparación hay un gran poder.

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  2. Hola Marinela me encanta tu página, donde nos aportas bases para ser un buen misionero y pienso que los futuros misioneros para prepararse,
    Necesitan comprender la doctrina y saber cómo compartirla. No se puede sacar agua de un balde vacío. Cuando los misioneros conocen el Evangelio y saben cómo enseñarlo, ya no quieren hacer nada más; saben que pueden enseñar a cualquier persona, en cualquier parte, en cualquier momento y en cualquier circunstancia empleando sus propias palabras respaldadas por el poder del Espíritu. Tienen confianza en sí mismos y una fortaleza interior. En este tipo de preparación hay un gran poder.

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